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Imagen: Naara Muñoz

Lo fantástico de Álvaro do Carvalhal

Asistir el pasado miércoles en Salamanca a la presentación del libro Los caníbales de Álvaro do Carvalhal, fue asistir a un acto de nobleza por parte de los editores de Ardicia (Eugenio Martínez y Julio Guerrero), y de Pedro Serra, profesor de la Universidad de Salamanca. Nobleza y entrega por compartir su entusiasmo y por tener la valentía de rescatar para los lectores españoles a un autor portugués tan interesante como desconocido, en una edición exquisita  en todos sus aspectos: impresión, traducción, una portada sublime del ilustrador Nicholas Stevenson, donde el color y movimiento crean la atmósfera adecuada para introducirnos en el relato que vamos a leer.

Escuchar  a Julio Guerrero y  Pedro Serra, dialogar con ellos, es dejarse seducir por una historia y un autor, que aún escribiendo a mediados del siglo XIX, es  actual en su temática fantástica y en su estilo innovador. Pedro nos habló de que muchos autores de la literatura portuguesa brotan como destellos singulares e inesperados, como un fuego que surge sin aparente relación con el entorno. El caso de Álvaro do Carvalhal es único porque en la literatura portuguesa no es muy frecuente el género fantástico.

Este escritor murió muy joven, “sin apenas conocer la vida”, con tan solo 24 años, de un aneurisma, siendo estudiante de derecho en la Universidad de Coimbra. Escribió solamente una obra de teatro El castigo de la venganza y seis cuentos, escritos en poco menos de un año y editados  póstumamente.  Aunque en Portugal se le ha leído siempre, es descubierto por muchos lectores en el año 1988 a raíz de la película, una especia de ópera, que sobre este cuento filmó el director Manuel Oliveira con música de Joao Pires.

Álvaro do Carvalhal escribe en los últimos años del romanticismo, en Portugal; escenarios, personajes melodramáticos, secretos misteriosos, maldiciones, deformaciones, nos remiten al género de la literatura gótica, tan extendido en la Europa del siglo XIX. Autores como Hoffmann o Poe pudieron ser una referencia para este joven autor.

En este cuento o novela corta hay una interesante y extraña mezcla de humor y drama, de terror y amor, creando una parodia macabra pero verosímil, con un lenguaje retorcido y elegante. Se nos cuenta una historia de amor, celos y seducción, pero también hay una reflexión filosófica y social sobre el poder, sobre dos mundos que chocan. Aristocracia y burguesía, la sangre y el capital; dos mundos antagónicos, en lucha, que comen y son comidos. Aquí, durante la presentación,  se abrió un breve e intenso debate sobre si el canibalismo es una forma de amor o el amor, como pasión devoradora, es una forma de canibalismo. En el fondo es una reflexión sobre lo que nos hace humanos.

El cuento, y la forma tan particular de estar narrado, exige un lector activo porque aquí no hay soluciones, no se resuelven las cuestiones. Propone el autor una alegoría de la historia, radicalizando las posiciones dentro de la aristocracia y con una burguesía que canibalizó a la aristocracia, en algunos caso como en Francia no sólo de manera metafórica. Hay también una crítica necesaria a la burguesía, cegada por el valor del dinero. De esta forma el autor aborda los tabúes, lo prohibido, las obsesiones sin eufemismos, utilizando la ironía y si acaso hay una cierta contención es para no revelar demasiado y crear un ambiente cerrado, opresivo, enigmático. Al final consigue que haya credibilidad, que haya verosimilitud en la intriga, que el lector sea cómplice en este juego que propone el narrador, que participe en esta estética del exceso.

La charla acabó con un diálogo, a partir del libro de Scipio Slataper, Mi Carso, sobre la vida literaria de Trieste en aquella Europa de aparente felicidad y cohesionada en el imperio austrohúngaro, que se derrumbaría, tan dramáticamente tras la Primera Guerra Mundial.

Fue una presentación tan interesante, amena y afable que nos trasladó a una charla entre amigos donde, en una cafetería-librería, Hydria, hablamos de literatura y nos recomendamos nuevas lecturas. Por eso, descubrirnos estos autores en ediciones muy atractivas y mimadas, entraña un acto de generosidad y valentía en estos tiempos un tanto difíciles.

 

Por  Enrique Galindo y Ángela Gómez

 

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