Festín de cuentos en Mujeres y Compañía

Mercedes Abad fue una niña con michelines, un parche en el ojo y mucha fuerza de voluntad. Eso la hizo más fuerte, y la convirtió en escritora. Con un montón de libros y el premio Sonrisa Vertical en su haber, hace unos días presentaba La niña gorda en la librería Mujeres y Compañía. Y lo hizo muy bien acompañada, por los autores Clara Obligado y Alberto Marcos, además de Juan Casamayor, de la editorial Páginas de Espuma.

Con una sala de eventos cálida y concurrida donde las haya, los invitados al banquete nos pusimos gochos, tibios y hasta las cejas de cuentos con aromas autobiográficos.

Menú de un suculento evento 

Entrantes:

La niña gorda recoge una ración de relatos que recorren cronológicamente la vida de Susana, y de los personajes que la acompañan, desde su traumática primera visita al endocrino, a la tierna (tierna por las carnes, se entiende) edad de 13 años, hasta la indefinida adultez de los 30-40. Un viaje en busca de la identidad a base de amistad, la relación entre mujeres y un humor enraizado en los juegos de palabras.

Primeros:

Huevos fritos con beicon. Clara Obligado nos dejó salivando al evocar esa imagen y luego prosiguió leyendo un magnífico texto, inspirado en la lectura de La niña gorda, con reflexiones tan jugosas como: “Nuestra cultura se priva de cosas imprescindibles y luego se da atracones” o “comer sin prejuicios es signo de libertad”, para finalmente invitarnos a leer: “Pasen y aliméntense de buena literatura”.

Segundos:

Alberto Marcos confesó en directo: “Todos hemos sido niñas gordas”, real o metafóricamente. Y ya metido en harina, lanzó una serie de preguntas a la autora que articularon el resto de la noche: ¿Cómo era la relación con tu madre? ¿Haber sido una niña gorda es lo que nos impulsa a escribir para encontrar un lugar en el mundo? Si la niña no hubiera sido gorda, ¿hubiera acabado mediocre, banal, mezquina? ¿Por qué el libro se devora de una sentada y se digiere bien?

Postres:

Podríamos dar las respuestas a estas preguntas. Sería la guinda del pastel. Sin mirar las calorías. Pero, igual que esta obra, que nació como novela, sufrió una dieta de adelgazamiento para acabar siendo un libro de relatos, pongamos al lector de Llanuras sobre la báscula. “Los libros deben secuestrarnos de nuestro viejo pellejo”, dice mercedes Abad. ¿Quiere operación bikini? Pues en Mujeres y Compañía ofrecen la perfecta liposucción literaria.

 

Por  Verónica íñigo

 

  • Escuela de Escritura

    ¡Menudo festín! Afortunadamente leer no engorda, pero llenarte, sí te llenas por dentro.

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