Imagen: Altaïr

La literatura brasileña: la búsqueda del otro

“La literatura es un elemento fundamental para confrontar el mundo”, comenta Pep Bernadas, co-fundador de la librería Altaïr, donde el pasado lunes se inauguró la primera sesión de la Primavera literaria brasileña, un festival que este año llega a su cuarta edición. La Printemps Littéraire Brésilien nació en París, dentro de los estudios de literatura y cultura en lengua portuguesa de la Sorbonne con la voluntad de acercar a los estudiantes a la actual literatura brasileña, cuya difusión en países como España es bastante escasa por la ausencia de traducciones. Por primer año, España se suma a países como Portugal, Bélica y Francia como sede de este festival de tres días de duración y la librería de viajes Altaïr fue la sede elegida para la inauguración, durante la cual Bernadas hizo hincapié en la importancia de la literatura como medio para conocer el mundo y como vía privilegiada para poner en contacto culturas. La literatura es para el co-fundador de Altaïr un modo de profundizar en “cómo se vive y se siente en los diferentes países”, es una manera de adentrarte en los países, independientemente de si se visitan o no. “Antes de visitar Brasil, yo ya había llegado a Bahía y lo había hecho de la mano de Jorge Amado”, concluye Bernadas, no sin antes subrayar con énfasis que “sin la literatura no hay viaje y, por tanto, tampoco hay vida”.

Viaje a Brasil

 

Bajo la etiqueta de “Nuevas voces literarias de Brasil” se presentaban el pasado lunes los escritores Rodrigo Ciriaco, Marcelo Maluf, Simone Paulino y Marta Barcellos, pero ¿qué entendemos o, mejor dicho, qué se entiende por la “nueva literatura brasileña”. El presentador del acto y responsable de la organización del festival en Barcelona, comentaba al propósito la dificultad de hablar de una literatura contemporánea, sobre todo porque “es difícil situar el inicio de la contemporaneidad. Algunos sostienen que podemos hablar de contemporaneidad a partir del modernismo, otros piensan que en Brasil la contemporaneidad coincide con el regreso de la democracia al país y, unos terceros, afirman que lo contemporáneo es todo aquello que tiene que ver con el siglo XXI”. Más allá de la discusión terminológica-temporal, los cuatro autores presentes en Altaïr representan la literatura actual, término que resulta menos problemático, aunque tampoco agota la discusión, puesto que ¿es posible resumir la literatura actual de una única manera? ¿Acaso no sería más adecuado hablar de las literaturas actuales? Si como señalaba el organizador, “la literatura es un espacio movedizo e indefinido”, los cuatros escritores allí presentes solo son unas voces dentro del panorama literario brasileño. Y, en efecto, si algo tenían en común los cuatro autores es escribir de los márgenes sociales y culturales brasileños, algo muy distinto de escribir desde los márgenes. Los cuatro autores forman parte del sistema editorial, incluso, podría decirse del nuevo canon literario brasileño, pero con la particularidad de que sus obras buscan dar visibilidad a grupos minoritarios. “Estamos acostumbrados a que el escritor brasileño sea un hombre blanco heterosexual de clase media que escriba novelas cuyos protagonistas son hombres blancos heterosexuales de clase media” comenta Rodrigo Ciriaco, autor de Te pego là fora y uno de los principales representantes del movimiento “literatura marginal periférica”, que tiene como principal objetivo no sólo narrar la periferia, sino llevar la literatura y el hábito lector a las zonas más marginales de Brasil, país donde el 44% de la población no lee habitualmente y el 30% no ha comprado nunca un libro.

Para Ciriaco es imprescindible llevar la literatura a estas zonas de Brasil porque “la literatura transforma” y a la vez “es imprescindible dar voz a los oprimidos”, pero dársela desde dentro, es decir, “siendo uno más entre los oprimidos” y no desde la posición cómoda de quien observa, pero no se implica, no se siente parte de aquellos de quien escribe. La idea de implicación, podría decirse, política y social con aquellos a los que se quiere dar voz es esencial también en la obra de Marta Barcellos, periodista y autora de Antes que seque, una novela sobre mujeres. “En Brasil, las mujeres siguen siendo un grupo minoritario, un grupo sin voz”, comenta la autora, para quien la primera función del novelista es hacer un trabajo con el lenguaje: es a través del lenguaje que la mujer queda desvirtualizada, es a través del lenguaje que la mujer se construye como un sujeto subalterno y, por tanto, a través de una deconstrucción del lenguaje que es posible incluir a la mujer en la sociedad y darle voz, una voz autónoma, ya no supeditada al relato falocéntrico. Para Barcellos, como también para Simone Paulino, toda autora brasileña debe enfrentarse a la figura de Clarice Lispector, un referente no sólo por sus obras literarias, sino por su papel como escritora, por haber construido su propia voz y por haberse impuesto a ese canon “de hombre blanco heterosexual de clase media” al que hacía referencia Ciriaco y al que también se enfrenta Marcelo Maluf. Éste último hace hincapié en la figura de los inmigrantes; en su último trabajo, Malauf narra la historia de un joven que escapa del Líbano para crearse una nueva vida de Brasil. “Los inmigrantes son sujetos fuera de lugar”, comenta el autor, interesado en observar cómo los inmigrantes pelean por construirse un espacio propio y una propia vida en el nuevo país, que, sin embargo, los expulsa, los arrincona, convirtiéndolos en sujetos sin lugar propio.

“La literatura es un camino de vida” afirma Simone Paulino, “la literatura salva” y, como dice Ciriaco, la literatura cambia la sociedad. Esta es la convicción que está detrás de los cuatro autores y que les lleva a hacer de su literatura una búsqueda y un descubrimiento del otro, de aquel que no tiene voz, de aquel a quien no se da visibilidad: la mujer, el inmigrante, el habitante de la favela… todos ellos, confirman los cuatro autores, son Brasil. Reniegan de esa imagen de divertimento, baile y carnavales que se exporta de su país y reivindican la cotidianidad, entendida como un conjunto de realidades, muchas de ellas escondidas tras el muro de la pobreza, del machismo o del racismo, un muro que solo puede derrumbarse a través de una literatura que lo traspase ocupando el lugar de ese otro para que deje de ser otro y se convierta en un nosotros.

 

Por  Anna Maria Iglesia

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