Protagonistas // Traductores

Luz Gómez García, 30/09/2014

 

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Luz Gómez, formas de estar en la traducción

Una parte importante y visible de la vida de Luz Gómez García muestra su compromiso con el mundo árabe. Es profesora titular de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, y es también traductora de poesía árabe. El interés que nos despierta su trabajo es el origen de esta primera llamada a su puerta.

 

¿Qué lugar ocupa la traducción de poesía árabe en tu vida profesional? 

Si se trata de mi vida profesional, debería decir que la traducción de poesía árabe, la traducción en general, no debería tener lugar alguno. Soy profesora de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, y en el actual sistema de méritos de la universidad española la traducción no tiene valor, sea ésta literaria o de cualquier otro tipo, se traduzca de la lengua árabe o de la que sea. Algo distinto es el asunto de la llamada “traductología”, pero ese es otro tema. Traducir no se considera una actividad científica, ni académica, no nos sirve a efectos de promoción o currículum, así que, en buena medida, mi dedicación a la traducción es a costa de ese mundo de publicaciones de impacto y producción de papers a que nos quiere abocar el sistema.

Sin embargo, no concibo mi vida como profesora de Estudios Árabes (y aunque suene un pelín exagerado, mi vida en general) sin la traducción, tal vez porque me dedico al estudio de las ideologías árabes contemporáneas. Traducir me ata a la lengua, a la lengua árabe con la que me comunico y entiendo a los árabes y a la lengua española y los suyos, que se me resisten cuando trato de acercarles lo árabe. Es un ejercicio constante no sólo lingüístico, sino sobre todo intelectual, en la medida en que traducir te recuerda continuamente el lugar inestable en que habita el conocimiento. Soy egoísta, quizá, pero diría que concibo la traducción más que en el consabido sentido de puente entre culturas en un sentido de cuestionamiento constante de los lugares establecidos y las certezas, a nivel personal y colectivo. Por eso, una vez que empiezas a traducir siempre quieres traducir más, porque nunca llegas a ningún sitio ni lo transitado te satisface en absoluto.

En 2012 ganaste el Premio Nacional de Traducción por En Presencia de la ausencia, de Darwix (Pre-Textos, 2011). En el prólogo del libro, Jorge Gimeno escribe: «Impedir que los palestinos fueran borrados de la faz de la tierra fue el objetivo de la poiesis palestina, y de la darwixiana en particular» ¿Cómo lo ves tú?  

Jorge Gimeno es poeta, él es capaz de sintetizar en una frase un mundo de significados complejos para el que yo necesitaría escribir unos de esos papers a los que me refería antes. Mahmud Darwix, otro poeta, lo expresaba también a su manera. Al final de su vida, decía de sí mismo que se veía como un poeta troyano, como el poeta que se queda en un ángulo de la batalla contemplando la tragedia de su pueblo para cantarla y que no se la trague la historia, como sucedió con Troya. Como con todo lo que dicen de sí mismos los poetas, hay una parte de verdad y otra mayor de deseo. Porque desde luego que Darwix ha contribuido a que Palestina, ausente hoy de la cartografía, sea una realidad política ineludible, pero no sin meterse de lleno en la batalla, la política y la psicológica. Y ello marcó hasta tal punto su obra que era uno de los temas recurrentes de su poesía última. En La huella de la mariposa (Pre-Textos, 2013), el último libro que publicó, hay un aforismo que dice: “¿Quién dijo una vez que el dueño de las palabras es el dueño del lugar? No es vanidad, ni broma. Es la manera que tiene el poeta de defender la utilidad de las palabras y el lugar del lugar en una lengua en movimiento.”

A nivel personal, no era fácil, imagino, sobrellevar la carga de ser “el poeta nacional palestino”, pero en buena medida Palestina cobró realidad internacional gracias a Darwix y sus versos. Hay una anécdota muy europea que resume esta cuestión de la representación darwixiana de lo palestino: cuando falleció, el ayuntamiento de París, donde Darwix había vivido durante más de quince años tras tener que abandonar Beirut con la OLP en 1982, proyectó dedicarle una plazoleta. Sus amigos, entre ellos el escritor Elias Sanbar, tuvieron que batirse a fondo con el consistorio para que aceptase cambiar el letrero en el que rezaba “poète palestinien” por “poète de Palestine”. Pero ahí está la Plaçe Mahmoud Darwich, poeta de Palestina, frente al Louvre, en la orilla izquierda del Sena, junto a la Acadèmie y el Pont des Arts.

Un año después, coincidiendo con la presencia de Israel como invitado de honor a  la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), y como denuncia por la ausencia de la cultura palestina, participaste en la publicación del libro Palestina Vive (Asociación de editoriales Contrabandos). Dentro de la antología de textos seleccionados, se incluyen algunos de Darwix que has traducido tú.  ¿Cómo fue el proceso de selección? ¿Está teniendo la repercusión/visibilidad que esperabais?

Palestina Vive surge del impulso de Fernando García Burillo, de ediciones del oriente y del mediterráneo, que forma parte de Contrabandos, y Contrabandos enseguida acogió la iniciativa. Los dos estamos en el grupo autónom@s por Palestina de la Universidad Autónoma de Madrid, y cuando tuvimos noticia del programa de la FIL pensamos en dar algún tipo de respuesta desde donde nosotros mejor podíamos hacerlo: el mundo de la edición y la literatura. En muy pocos días hicimos la selección a partir de traducciones ya existentes, intentando reflejar la diversidad y frescura de la actual literatura palestina, que había sido totalmente silenciada en la Feria. Por un lado, queríamos denunciar la pertinencia de la elección de este país como invitado de honor dada su política de ocupación y expropiación palestinas. Pero además, nos parecía si cabe más imperativo hacer ver el trato discriminatorio practicado por los organizadores con los autores israelíes de expresión árabe, porque el árabe es una de las lenguas oficiales de Israel y el 20% de su población lo tiene como lengua materna. En el contexto de la Feria, esta forma de apartheid cobraba especial significado.

No hay que olvidar que la FIL es el principal certamen literario en lengua española, que mueve a cerca de 800.000 personas durante la semana que dura, y de algún modo había que hacer visible lo que habían querido invisibilizar los organizadores del certamen. En este sentido, Palestina Vive fue una contribución desde el mundo editorial español a las otras movilizaciones que promovieron grupos mexicanos de apoyo a Palestina. Al publicarlo en abierto en la web de Contrabandos su difusión en Iberoamérica está siendo impresionante. En España, tengo la impresión de que ha servido, sobre todo, para abrir el debate entre los editores y libreros independientes sobre cómo responder a las políticas criminales de Israel desde el mundo de la cultura. El primer paso es el más difícil, y está dado.

¿Qué significa/implica para ti ser la traductora de las obras de Darwix al castellano? ¿Cómo comenzó?

En los años ochenta, cuando era estudiante, los poemas de Darwix cantados por Marcel Khalifa formaban parte de nuestra educación sentimental como arabistas, si tal cosa existe. “Rita y el fusil”, un poema de amor y revolución escrito a raíz de la guerra de 1967, fue la primera canción en árabe que aprendí, para no quedar mal con mis amigos tunecinos en un concierto de verano en Cartago, la verdad. Bromas aparte, la poesía de Darwix me ha acompañado desde que comencé a estudiar Filología Árabe. Así que hoy forma parte de cierta cotidianidad, es una de esas cosas que se hacen sin pensarlo mucho. Me cuesta responder a tu pregunta, no sé muy bien qué significa “ser la traductora de Darwix”, aunque podría hablar de responsabilidad, de cierto compromiso con la historia palestina, con el propio poeta al que conocí un poco, con la lengua árabe que me apasiona…

Al principio, traducir era un ejercicio secreto de autoexigencia; luego, me fui atreviendo a pasar mis traducciones a amigos del mundo de la literatura, y algunas se publicaron en las revistas literarias de la universidad de entonces. Era joven, o más joven que ahora, y por lo tanto más osada, así que me lancé a traducir un libro entero, que nunca se publicó. Y luego otro, que comenzó su peregrinaje por editoriales que lo rechazaron, y eso en el mejor de los casos, porque lo habitual en este mundillo, como bien sabes, es el silencio por respuesta. Por fin Cátedra, en una estupenda colección de poesía hoy desaparecida, aceptó sacar El fénix mortal (2000). La magnífica recepción entre la crítica y el público español, totalmente inesperada, hizo el resto. Darwix dejó de estar encerrado en el ámbito de la especialización o, como mucho, de la poesía política y pasó a tener un lugar propio como gran poeta universal: sus últimos libros de poesía han aparecido en la colección La Cruz del Sur, de Pre-Textos, y eso lo dice todo.

 

La huella de la mariposa

 

Podemos leer en la misma antología un texto de Aicha Auda, Mucho más que suerte, con traducción tuya y publicado originalmente en Bajo la ocupación. Relatos Palestinos (Málaga, Centro de ediciones de la Diputación, 2003). Su lectura es escalofriante, ¿qué nos puedes contar sobre la autora? No resulta fácil encontrar información sobre ella.

Sobre Aicha Auda pesan varias losas: es palestina, escribe en árabe, es mujer, vive en los Territorios Ocupados (en Ramala, en concreto). La proyección internacional de una escritora con tantas “taras” (entiéndase la broma) no es nada fácil, y sin embargo es una de las voces más originales y potentes de la narrativa árabe actual. Aicha es maestra y socióloga y su contacto diario con la Ocupación impregna sus novelas y relatos para subvertirla desde cierta ironía no exenta de ternura.

A pesar de las condiciones económicas y sociales que viven los palestinos bajo la Ocupación, Aicha insiste en publicar sus libros en Cisjordania, lo cual potencia el estrecho vínculo que la escritora tiene con sus lectores y su cotidianidad. A la vez, es una decisión difícil, pues si bien potencia la maltrecha vida cultural de los Territorios Ocupados, también reduce las posibilidades de que su obra trascienda más allá de lo local, dado el cerco que impone Israel a las relaciones culturales (como a las económicas, las políticas o las deportivas) palestinas con el exterior.

Sobre otro poeta, Samih al-Qásim, pocos días después de su muerte (19 de agosto 2014), escribiste un artículo para El País, en el que queda reflejado la trascendencia de su obra, la relación con Darwix y también, en cierto periodo de tiempo, con España. Teniendo en cuenta esto, ¿Por qué sus poemas han sido poco traducidos a nuestro idioma? ¿Sabes si pronto nos llegará alguna traducción?

Cuando Samih al-Qásim vino a España en el año 2000, en la revista Nación Árabe editamos una plaquette bilingüe con doce poemas que tuvo cierta circulación. No conseguimos sacarla como una publicación comercial, y no te oculto que para mí quedó como una asignatura pendiente.

Al-Qásim es un grandísimo poeta palestino, muy distinto de Darwix, es el poeta de una Palestina de resonancias a la vez telúricas y místicas de una brutal fuerza explosiva. Él decidió no salir de su tierra, quedarse como ciudadano de segunda en el Estado de Israel, a diferencia de Darwix, que optó por el exilio. Hizo de la resilencia una forma de vida, y esto quizá es menos vistoso que la resistencia, pero no menos efectivo a la larga. La proyección internacional de su obra se ha dolido de ello, también aquí en España, incluso yo diría que entre los propios árabes.

Has traducido también la voz de Abbas Beydoun, para la edición de Un minuto  de retraso sobre lo real  (Vaso roto, 2012).  ¿Ha colaborado contigo en este trabajo? ¿Qué destacarías de este poeta? Me gustaría saber qué poema-s suyos te han marcado de forma especial.

Este libro de Abbas Beydoun recoge tres colecciones de poemas de sus obras más recientes. Lo trabajamos durante su estancia en Madrid y Córdoba en 2010, en el marco del festival Cosmopoética. Yo me acerqué a la obra de Beydoun a través de Darwix, que me la encareció, y descubrí que, precisamente, era muy distinta de la suya. Eso me ha ayudado a algo así como a “desintoxicarme” tras haber dedicado buena parte de mi labor como traductora a Darwix.

Beydoun es un poeta singular en el panorama árabe, tanto el de su generación (nació en 1945) como el de los poetas más jóvenes, entre los que es muy apreciado. La suya es una lengua anticlimax, que raspa diría yo, lo contrario de la cadencia árabe al uso, sea la clásica o la más contemporánea. Y su imaginación rompe los moldes previsibles de la relación con el espacio y la cultura. Beydoun es libanés, y el absurdo racional de su poesía no escapa a la dura historia del Líbano de los últimos cuarenta años. Si tengo que elegir entre sus poemas, y un poco por todo esto (podría haber destacado también que es un poeta árabe muy influido por la literatura centroeuropea, lo cual no es nada común), me quedo con la serie “Ruedas” del libro que da título a la colección española.

A finales de agosto, dentro del acto de solidaridad con Palestina que tuvo lugar en el Ateneo de Madrid, presentaste el libro BDS por Palestina (Ediciones de oriente y del mediterráneo). ¿Qué se puede hacer desde el campo de la traducción, desde el sector editorial, o incluso desde las librerías, por este movimiento?

El boicot cultural a Israel es uno de los ámbitos del BDS (el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel) que más retraso lleva, si lo comparamos con los avances en el boicot comercial o el académico. Y aún más en el ámbito editorial, tal vez porque su repercusión es menos vistosa que cuando Roger Waters o Ken Loach, pongo por caso, declaran su apoyo al BDS y piden a sus colegas que no actúen o distribuyan sus películas en Israel. En Norteamérica, Naomi Klein o Alice Walker han explicado con mucha claridad el porqué de su negativa a que sus obras se publiquen en grandes editoriales comerciales israelíes, y han optado por pequeñas editoriales alternativas comprometidas con los derechos de los palestinos. El boicot no es ciego, tiene unos objetivos precisos.

El boicot cultural quiere llamar la atención sobre las formas no directamente políticas o militares de ocupación, sobre los modos en que la cultura sirve para legitimar la Ocupación y las políticas de apartheid que practica Israel. Cuando se traduce a un autor israelí que no denuncia la ocupación que practica su Gobierno, cuando se aceptan las subvenciones del Estado de Israel para publicar en español a los autores censados en The Institute for the Translation of Hebrew Literature, cuando se publicita en los escaparates, por ejemplo, a los grandes autores israelíes que contribuyen con su prestigio al blanqueo de la imagen de Israel como un Estado democrático cumplidor de la legalidad internacional, se está contribuyendo a la normalización de las políticas del Estado de Israel. El boicot pide tres cosas básicas, a las que el mundo editorial puede contribuir con su peso simbólico si no económico: el fin de la ocupación de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental; el cumplimiento del derecho al retorno de los refugiados; y la consecución de una ciudadanía igualitaria para los palestinos del Estado de Israel.

El 30 de septiembre es el Día Internacional de la Traducción, los traductores de poesía árabe, ¿qué motivos tenéis para celebrar y que objetivos quedan por cumplir?

Creo que el principal motivo para celebrar es que ya no somos una especie aparte, nada exótico ni singular. La cultura árabe no es cosa de “allí”, el mundo 2.0 ha acabado con las fronteras del aquí y el allí y ahora todos estamos sucios y mezclados, por más que siga habiendo guardianes de la pureza en todas partes. Los traductores de poesía árabe compartimos penas con los demás traductores de poesía, al margen de la lengua: las dificultades para publicar poesía en un mundo editorial cada vez más volcado en los valores del mercado. No es una queja lastimera, también es un gran reto que nos puede ayudar a ser mejores, más resistentes, más útiles, si se me permite la expresión.

 

Por  Ana Corroto

 

 

 

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