Recomendaciones

21/04/2017

 

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Imagen: Bea Crespo

Los escritores recomiendan

“¿Qué libros recomendaríais? No importa que sean novedades, lo único que importa es que sean libros que vosotros creáis que merecen ser leídos.” Esta era la premisa con la que preguntamos a los autores aquí reunidos algunos títulos para incluir en este artículo. Cuatro escritoras y cuatro escritores proponen algunas lecturas, títulos de actualidad y clásicos imperecederos, todos tienen espacio, porque si se trata del Día del libro, lo que importa es el libro, el texto que se vaya a leer, y no su fecha de publicación.

Ignacio Martínez de Pisón

 

Tras obtener en el 2015 el Premio Nacional de Narrativa por La buena reputación, el escritor nacido en Zaragoza publica Derecho natural (Seix Barral), una novela en la que volvemos a encontrar algunos elementos característicos de su obra, como la relación entre un padre problemático, incluso inmaduro, y un hijo que se ve obligado a aportar la madurez y la sensatez de las que carece su progenitor o la indagación en la familia. Con la Barcelona de la Transición de fondo, Martínez de Pisón nos presenta a una familia al cuanto particular: un padre actor de películas B con aspiraciones de grandeza y que solamente encontrará el éxito como imitador de Demis Roussos, una madre que deberá enfrentarse a las huidas constantes y las medias verdades del marido, conquistando paulatinamente los derechos (el divorcio, por ejemplo) que la nueva sociedad democrática le ofrece, y tres hijos, entre los que destaca Ángel, protagonista y narrador de la trama, un joven marcado por el constante intento de reconciliación con su padre, una reconciliación tan difícil como aquella que se estaba intentando en esa España que debía aprender qué era vivir en democracia.

A la pregunta sobre qué libros recomendaría, Martínez de Pisón lo tiene claro, no tarda en responder:

Tierra de campos de David Trueba (Anagrama): una falsa autobiografía teñida por el humor y la melancolía.

La España vacía de Sergio del Molino (Turner): un ensayo muy personal cuyo título ha acabado acuñando una expresión de uso generalizado.

Tot allò que una tarda morí amb las bicicletes de Llucia Ramis (Grup 62 y en castellano, Todo aquello que una tarde murió con las bicicletas, Libros del Asteroide): una novela familiar en la que resulta fácil reconocer a muchas familias de la realidad.

Golpes de gracia de Joxemari Iturralde (Malpaso): las vidas paralelas de dos boxeadores vascos de la primera mitad del siglo XX.

 

Sara Mesa

 

“Sara Mesa levanta una literatura de alto voltaje trabajada con precisión de orfebre”. Así definía Rafael Chirbes a la autora de Cicatriz, novela con la que la autora nacida en Madrid en 1976 obtenía el Premio Ojo Crítico en 2015. Tras publicar el pasado año Mala letra, una serie de relatos en torno a la culpa y a la rebeldía, en torno a las imposiciones sociales y al intento, incluso, lucha por romper dichas constricciones en una reivindicación de una “mala” letra individual y sin constricciones, Sara Mesa vuelve a las librerías con Un incendio invisible (Anagrama), una novela que la autora publicó en 2011 y que recupera ahora en una edición revisada y corregida. Una ciudad en sus últimos días, abandonada por sus vecinos, donde, paradójicamente, llega el doctor Tejada, huyendo, ante todo, de sí mismo y de todo aquello que lo precede. Un incendio invisible nos plantea un escenario aparentemente no real, un escenario que no tiene lugar sino más allá de lo real (o, mejor dicho, de lo que consideramos real), pero a la vez un escenario en el que el lector termina encontrándose y encontrando los rasgos menos amables del mundo que le rodea. Un incendio invisible narra el final de una ciudad, un final del que nosotros no estamos tan lejos.

Reconociendo la imposibilidad de hacer una selección de libros dejando fuera alguno que merecería estar entre los elegidos, Sara Mesa se decanta por las siguientes recomendaciones:

El Domingo de las Madres de Graham Swift (Anagrama): es una auténtica joya, una novela sutil y elegante que en su brevedad encierra toda una poética sobre la toma de conciencia, las jerarquías sociales y el lugar del escritor (en este caso, de la escritora).

Años felices de Gonzalo Torné (Anagrama): me parece una novela diferente, extraña, sinuosa, peculiar en la narrativa española actual.

El cartógrafo de Juan Mayorga (La Uña Rota): interesantísima obra del gran dramaturgo que es Mayorga y que funciona perfectamente como puerta de entrada a su universo (en mi caso, así fue).

El maestro del juicio final de Leo Perutz (Libros del Asteroide): a Perutz lo leí hace años en las ediciones de Destino, me parece un acierto que ahora se reedite su obra porque es uno de los escritores centroeuropeos más valiosos del siglo XX.

 

Rodrigo Fresán

 

Fresán no necesita presentación: desde que publicó Historia Argentina (¿Una novela hecha de relatos o un libro de relatos que puede leerse como una novela?) se ha convertido en uno de los escritores argentinos de referencia. Con novelas como Los jardines de Kensington, Mantra o El fondo del cielo, Fresán se ha unido a la tradición novelesca argentina, donde “todas las grandes novelas argentinas son atípicas” y donde encontramos nombres como Piglia con Respiración artificial, Saer con La grande, Puig con El beso de la mujer araña o Cortázar con Rayuela. En 2014 publicó La parte inventada, un artefacto literario en el que el autor se adentraba en la cabeza de un escritor para analizar los mecanismos de la escritura, para indagar sobre cómo se comienza a escribir, a inventar, pero también como uno deja de escribir, pero no de pensar en aquello que podría llegar a escribir. Con La parte inventada Fresán nos presentaba alguien que no escribe precisamente para hablarnos de la escritura, del lenguaje de la invención. Si bien no nació con dicho propósito, La parte inventada es la primera novela de una trilogía, de la que este año ha salido el segundo libro: La parte soñada. Aquí, volvemos a encontrarnos al mismo personaje, al escritor que no escribe, al escritor que está a punto de escribir porque está soñando, porque el sueño es uno de los lenguajes de la escritura. Dividida en tres partes –el sueño, el ensueño y el insomnio- La parte soñada es, con respecto a la anterior novela, una “durantecuela”, una novela que sucede en contemporáneo a la otra, representando esa otra frase del proceso creativo del escritor protagonista, cuya vida es filtrada a través de los textos que aparecen como influencias ineludibles, como subtextos a partir de los cuales comenzar a escribir, pues escribir es siempre “escribir a partir de” o, dicho de otra manera, escribir es ante todo una forma de lectura.

A la pregunta de qué libros recomendar, Rodrigo Fresán tira de unos clásicos ineludibles:

Cumbres Borrascosas de Emily Brontë (Penguin Clásicos o la última edición de Tres Hermanas); Cuentos de John Cheever (RBA); Cosas transparentes de Vladimir Nabokov (Anagrama); En busca del tiempo perdido (Alianza), de Marcel Proust; Matadero Cinco de Kurt Vonnegut (Anagrama).

“Elijo todos estos libros porque son los que más releo. Releer, me parece, es una forma de súper-lectura. Placentera actividad ésta que creo pertinente recomendar en fechas donde parece primar la novedad y lo novedoso y lo efímero por encima de lo incuestionable y lo clásico y lo inamovible. También –para aquellos que no conozcan a estos autores o a estos libros– todos y cada uno de ellos pueden funcionarles como la mejor puerta de entrada para casas de las que ya nunca van a salir: casas para siempre”

 

Lea Vélez

 

Tras publicar El jardín de la memoria, una novela muy personal en torno a la pérdida y a la memoria, la escritora y guionista Lea Vélez publica Una casa en el árbol, una novela donde vuelve a recurrir a su experiencia personal para plantear una reflexión en torno a la educación. ¿Cómo educar en libertad a los niños? ¿Cómo hacer que la imaginación y la creatividad formen parte consustancial de la educación obligatoria? Estos son algunos de los interrogantes que plantea Vélez a través de una historia en la que sus dos hijos, dos niños de altas capacidades intelectuales, se convierten en los personajes principales. ¿El sistema educativo entiende y acoge a los niños superdotados? ¿Cómo incorporar la extraordinaria imaginación y curiosidad de estos niños que, muchas veces, no encuentran su sitio en las aulas? Haciendo de la novela un canto a la imaginación y a la curiosidad, Vélez plantea estos interrogantes que, sin duda, son sustanciales para pensar qué educación queremos ofrecer a los más pequeños.

De primeros de siglo hasta la más última novedad, así son las recomendaciones de Lea Vélez:

La Vegetariana de Han Kang (Rata Books): es un libro trepidante por cómo está narrada la historia de un matrimonio, de una familia coreana. Una persona se sale de lo común y de pronto esto causa un efecto dominó de momentos cotidianos que te invade de emoción. Un libro de prosa aparentemente sencilla, tremendamente precisa y trabajada, con imágenes poderosas, poéticas, que fluye como alimento. Un libro sobre el alimento que es puro alimento del espíritu. Metáfora de la infelicidad.

Mi prima Rachel de Dafne du Maurier (Alba): frase corta, narrador cercano, observaciones inteligentes, personajes reinventados del mejor romanticismo con inteligencia y tradición y una personalidad narrativa apabullante. Una delicia. Una literatura que muchos catalogaron como menor y que no lo es. Es superior. Literatura superior a casi todo lo que tradicionalmente se ha considerado más serio, en atmósfera, precisión narrativa, capacidad de contar.

Aunque caminemos por el valle de la muerte de Álvaro Colomer (Literatura Random House): me encanta el narrador omnisciente que tiene un punto cercano, que baila en la cuerda floja del “aguerridismo cipotudo” y la sencillez. Es un libro con una documentación apabullante y lleno de imágenes nuevas pues en España no se cultiva el género bélico.

 

Gonzalo Torné

 

Si con Hilos de sangre y Divorcio en el aire, Gonzalo Torné ya se había situado entre los narradores de referencia de la literatura española, con Años felices (Anagrama), el escritor de Barcelona no ha hecho sino consagrarse definitivamente. Años felices es una novela sobre la traición, la traición a sí mismo y la traición de la que todo individuo es víctima, porque no solo traicionan las personas, sino también la vida que en su desarrollo desmiente las expectativas que cada uno se plantea. Años felices es una novela sobre la traición y la frustración, sobre el inevitable amoldarse a un tiempo que no sigue el recorrido que uno habría deseado. Torné rescata la familia de los Montsalvatges, todos ellos protagonistas directos o indirectos de sus dos novelas anteriores, para narrar la historia de un aspirante a escritor que llega a Nueva York y su mundo de nuevas amistades que, con el pasar de los años, se va desquebrajando. Este es el marco narrativo a partir del cual Torné dirige una mirada irónica, a veces mordaz, a la clase burguesa y, en concreto, a la burguesía catalana, presente también en sus anteriores novelas y que aquí representa el lugar de origen del protagonista, un joven que en su vocación literaria quiere desprenderse del peso de su familia, de cuyos valores sociales y morales no participa. En Años felices hay mucho de la ironía de Henry James y de su compleja mirada de la sociedad, hay mucho de Jane Austen, cuya obra gravita en gran parte en torno al tema del dinero y hay mucho de Naipaul, de su capacidad de narrar a partir de unos personajes concretos lo que significó el colonialismo. Años felices no es su trama, sino aquello que lo subyace; no se trata de la vida de los personajes, sino de las dinámicas que explican aquellas vidas. En este sentido, Torné es tan complejo y tan narrativamente rico como Austen o James: tras una aparente amabilidad, ofrece una radiografía bastante trágica del ser humano y de su contexto.

Floreced Mientras. Poesía del romanticismo alemán (Galaxia Gutenberg): Juan Andrés García Román demuestra aquí la importancia insoslayable de un buen editor. Nos ofrece un sugestivo recorrido por el romanticismo alemán (menos conocido que el inglés) que va de nombres indispensables como Hölderlin a otros nombres indispensables (desde ya) como Brentano o el increíble von Eichendorff. Todo el material auxiliar es de primera.

Reír por no llorar de Miguel Espigado (Prensas de la Universidad de Zaragoza): en el anémico panorama del ensayo crítico aparece de repente este hombre en la editorial más insospechada y ofrece lecturas finísimas de Foster Wallace, Junot Díaz, Isaac Rosa y la novela contemporánea china. Todo en el marco de un sagaz ensayo sobre la sátira nuestra de todos los días.

El arrecife de las sirenas de Luna Miguel (La bella Varsovia): no sé muy bien cómo explicar qué es un buen libro de poemas (bueno, sí, pero necesitaría 50 folios) imaginen lo difícil que es explicar qué es un gran libro de poemas. Y este lo es. Mejor léanlo.

 

Marta Sanz

 

Desde que publicara en 1995 El frío, la carrera literaria de Marta Sanz ha sido un continuo ascenso, con títulos, hoy por hoy, esenciales para comprender la literatura contemporánea. Imposible no citar La lección de anatomía, Daniela Astor y la caja negra o Amour fou una novela que se tuvo que enfrentar a la censura, al verse rechazada por dos editoriales a causa de lo “incomoda” que era. Sin embargo, ese es el mérito de la novela y ese es el mérito de Sanz, una autora que nunca se ha doblegado, una autora que no rehúye el adjetivo “político” para definir su literatura y, sobre todo, una autora que no entiende la literatura sino es a partir de un doble compromiso, con el texto mismo y con el contexto social en el que se inscribe el texto. En el 2016 publicaba Éramos mujeres jóvenes, un interesante ensayo de corte sociológico en el que la autora analiza como el amor y el sexo habían servido en la España postfranquista e, incluso, en la España de la Transición para encorsetar a la mujer. Sanz reflexiona el camino que ha tenido que realizar la mujer a lo largo de estos últimos años de la democracia: la conquista de un espacio propio y de la independencia económica y moral, la ruptura con la moral de raíz católica que decía cómo debía ser y cómo debía comportarse una mujer y la obtención del derecho a decidir por sí misma sobre cualquier tema y, antes que nada, sobre sí misma y sobre su cuerpo. La idea del cuerpo, como espacio individual y como espacio social, es central en la obra de Sanz: es más que evidente en Lecciones de anatomía y lo es también en Clavícula, una novela “confesional” que tiene al cuerpo como eje central. En Clavícula el cuerpo es un correlato de la experiencia del yo de la narradora: el paso del tiempo, el reconocerse en lo que se ha sido y en lo que se es, el asumir las huellas de ese tiempo en un cuerpo, que poco tiene de esa perfección que la sociedad del espectáculo impone, y sobre todo el aceptar el propio cuerpo como una forma de aceptarse a sí misma y reivindicarse por encima de los patrones de conducta que la sociedad neoliberal impone.

Belleza poética, conciencia del propio yo y planteamientos políticos definen las recomendaciones de Marta Sanz:

El domingo de las madres de Graham Swift (Anagrama): cuenta una historia sobre una sirvienta que consigue desclasarse hacia arriba gracias a la cultura. La conciencia del cuerpo desnudo y de la importancia de dejar rastros en lugar de camuflarlos son una preciosa metáfora del acto de escribir, así como de la posición de las mujeres y de las clases trabajadoras en sociedades ultraclasistas.

Los cinco y yo de Antonio Orejudo (Tusquets): un artefacto demoniaco, anti-nostálgico, poco complaciente y entretenidísimo, que no solo dibuja sin clemencia la generación de los baby boomers, sino que subraya con imaginación y sentido del humor la imposibilidad de separar lo vital de lo cultural, lo real de lo maravilloso o ficticio.

Perdón de Ida Hegazi Høyer (Nórdica): traducido por Cristina Gómez Baggethun, el interés de esta historia es su lenguaje. Pocas veces he leído páginas tan hermosas, lo que en este caso quiere decir que pocas veces he leído páginas tan magníficamente traducidas.

Yo misma, supongo de Natalia Carrero (Rata Books): es un experimento posiblemente autobiográfico que aglutina salvajemente ideas como la pareja, el dinero, la pulsión estética y el hecho de ser mujer. Creo que la voz de Carrero, su crudeza poética, su visualidad y su vocación disidente hacen de ella una escritora interesantísima que ha sido publicada por una editorial también interesantísima: Rata. Ellos acaban de sacar un texto que aún no he leído, pero por el que siento muchísima curiosidad, La vegetariana, de la coreana Hang Kang. Sexo, cuerpo, matrimonio, mujer.

La seducción de José Ovejero (Galaxia Gutenberg): por su dibujo de las seducciones como formas de violencia en el espacio del amor, la política y la literatura. Una voz brutal que te arrastra hasta la última página sin sentir: al cerrar el libro, te duele todo el cuerpo. En el mejor sentido de la palabra.

Miel del desierto de Edith Pearlman (Alianza): se trata de una recopilación de cuentos de Pearlman.

 

Álvaro Colomer

 

Álvaro Colomer, considerado como uno de los mejores autores de su generación tras haber publicado Los bosques de Upsala, presenta Aunque caminemos por el valle de la muerte (Literatura Random House) una novela en torno a la Batalla de Nayaf, que tuvo lugar en Irak en 2004, mientras en España el Partido Popular acaba de perder las elecciones y Zapatero todavía no había hecho gobierno. A través de una serie de personajes, Colomer trata de reconstruir lo sucedido en Nayaf, consciente sin embargo de que hay tantas batallas de Nayaf cuantas versiones de quienes la vivieron. Con un gran trabajo de investigación, con una mirada compasiva y, a la vez, extraña a los hechos (Colomer evita implicarse en la narración, deja que sean los personajes quienes hablen) y con una prosa exquisita que combina la descripción técnica de los movimientos militares con la introspección psicológica de los personajes, Colomer escribe una de las novelas más interesantes de este año.

Para el periodista y escritor, a la hora de recomendar no se puede prescindir de los clásicos que, en sus recomendaciones, conviven con una de las novelas de este 2017:

Divina Comedia de Dante Alighieri (Galaxia Gutenberg): no sólo es una lectura obligatoria por su calidad y su condición de clásico, sino también porque nos enseña a despreciar a los estamentos del poder. El ‘Infierno’ de Dante está lleno de políticos, banqueros y obispos. Ideal para los tiempos que corren.

Relatos autobiográficos de Thomas Bernhard (Anagrama): hace poco un amigo me preguntó: ‘¿Cómo distingues un libro bueno de uno malo?’. La respuesta fue: ‘Si siempre has leído best-sellers comerciales, echa un vistazo a Bernhard y luego me dices si has notado diferencia’.

Patria de Fernando Aramburu (Tusquets): hay otra forma de acercarse a este libro, verlo como una película de Clint Eastwood, alguien llega a un pueblo con la idea de vengarse. Si no nos interesa el tema de ETA, lo podemos leer como si fuera un western. Resulta también fascinante.

 

María Sánchez

 

Veterinaria y poeta, poeta y veterinaria, en María Sánchez las dos facetas se complementan, van unidas, no es una estructura jerárquica, sino en la perfecta simbiosis. “Ahora que no sabemos diferenciar/ la voz del mugido/el pasto del alimento/aquí nosotros,/ aquí tus vacas,/abuelo”, escribe Sánchez en Cuaderno de campo (La bella Varsovia), su primer poemario: se trata de un canto a la tierra, como lugar originario, heredado de tres generaciones de hombres y del que ahora ella se apropia, reivindicándolo, pero con una mirada distinta, la suya, la de un yo femenino y, a la vez, la de un yo que sabe que esa tierra heredada es un mundo que se agota, un mundo perdido al que el lenguaje vuelve a dar vida. La corporeidad y el cuerpo son elementos claves de la poesía de Sánchez: el cuerpo físico, el de la mujer, pero también el de los animales, el cuerpo como expresión de lo natural, de lo inherente a uno mismo. La reivindicación de un yo femenino va acompañada de la reivindicación del campo como modo de vida; hay nostalgia en los poemas, pero Sánchez no se recrea en ella, porque de nada sirve abandonarse a la melancolía si no se construye un relato a partir de ahí. Y esto es lo que hace Sánchez, construir a partir del espacio rural, construir ese espacio para reivindicarlo, para no convertirlo en un paraíso perdido, sino para hacer de él el lugar donde inscribir su yo y su poesía.

A la pregunta de qué libros recomendaría, la poeta nos propone una serie libros firmados por mujeres: poesía, narrativa y ensayo, Sánchez ofrece una interesantísima propuesta para tener en cuenta.

Buenos días, guapa de Maxie Wander (Errata naturae): cuenta Maxie Wander que este libro surgió porque ella quiso escuchar, y lo que es cierto es que, si ella no hubiera decidido sentarse a oír a estas 19 mujeres, posiblemente hoy este libro no existiría. Un testimonio fascinante de la RDA desde la vida de trabajadoras, hijas, madres, esposas, solteras, abuelas… mujeres. Porque ya va siendo hora de que nosotras también contemos la historia.

El ingenio de los pájaros de Jennifer Ackerman (Ariel): Ackerman entreteje como nadie historias personales, anécdotas y datos científicos en este libro sobre los pájaros. A modo de cuaderno de campo, la autora aborda una nueva investigación acerca de los descubrimientos recientes de las aves, como sus maravillosas habilidades sociales. Una lectura imprescindible para conocer más sobre ellos y cambiar nuestra concepción de inteligencia en el mundo animal.

Raíces Aéreas de Patricia Gonzalo de Jesús (La Bella Varsovia): el primer libro de Patricia Gonzalo de Jesús está lleno de luz, de migajas, de tierra. Un libro diferente y necesario, con una voz propia, fuerte y llena de ecos de mujeres. Poemas como un verso de la autora, como inesperadas intrusiones de belleza.

 

Los últimos. Voces de la Laponia española de Paco Cerdá (Pepitas de calabaza): Paco Cerdá ha escrito un libro de lectura obligatoria en estos tiempos en los que parece que vuelve a estar de moda lo rural y lo bucólico. Por fin, un libro que le da voz a los que nadie quiere escuchar, a los que se mueren solos, a los que ni siquiera se terminan convirtiendo en fantasmas. Un libro lleno de manchas porque, efectivamente, Cerdá, ha pisado el campo y se ha ensuciado las manos, para contar la historia de esa España que desafortunadamente llamamos la ausente, la profunda, la otra.

Lo demás de Robin Myers (Kriller71 ediciones): en este libro, Myers se pregunta cómo será el vértigo de una persona que se acerca al filo y que sigue empeñándose en estirar las manos. Algo parecido es lo que se siente al descubrir su poesía llena de insistencia y cotidianidad. Lugares e idiomas que podrían parecernos comunes, pero que esconden tras de sí una escritura lúcida y consolidada.

 

Por  Anna Maria Iglesia

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