No hay lugares

Constantino Bértolo dejó en herencia a la escritora Elvira Navarro la editorial Caballo de Troya, referencia entre los autores más jóvenes y arriesgados del momento. Elvira Navarro (Huelva, 1978), cuenta entres sus publicaciones con La ciudad en invierno (Caballo de Troya, 2007), a la que siguió La ciudad feliz  (Mondadori, XXV Premio Jaén de Novela, 2009), y La trabajadora (Literatura Random House). Fue ella la encargada de abrir la primera página de Sin música.

Un niño pre-adolescente, custodiado por los padres, que escribe a la hermana que ha huido de su familia. Los ha negado. La estructura familiar ahoga a los personajes. Pesa en el ambiente el hermano mayor muerto. Una obra que no es fácil leer, donde no hay trama, no hay señuelo. Pasan cosas, pero sin jerarquía, sólo una voz torrencialmente exhaustiva, un horror vacui al silencio. Lo normal es que los hijos reprochen a los padres, aquí es al revés, el hijo siente compasión por ellos”

Escuchar a Chus Fernández supone un ejercicio físico y mental importante, una atención hipnótica, afinar el oído al máximo. Una prueba de concentración colosal que te deja exhausto y conmovido: pasión, dolor y melancolía. Chus pierde la mirada en el infinito, le cuesta volver, reencontrarse con el público que guarda en silencio esa monotonía esforzada. “El riesgo no tiene nada que ver con la dificultad o la novedad. Arriesgar es escribir sólo atendiendo a las necesidades. Para ser original no hay que hacer nada distinto, sino algo personal. Escribir supone una búsqueda continua, muchas años afilando el mismo cuchillo”.

Una novela planteada como “una voz que cuenta” con la misma respiración, con la misma razón. Son recuerdos de las canciones de Nick Cave. “Un escritor necesita seguir en el canal que se siente más cómodo. Reencontrarte con tu voz es como volver a casa, otros libros son para descansar. Busco convivir con la literatura como ya apuntó Robert Walser.”

Una leve sonrisa para invitarnos a este libro en el que no pasan cosas. “A mi me importan los libros que son imposible llevarlos al cine. La idea de seguir, la idea del aliento. La no necesidad de avanzar, sino de seguir. La historia es un pretexto para seguir, las acciones lo permiten. Prefiero la yuxtaposición al encadenamiento.”

Chus vive en “espacios que tienen áurea”, en los “no lugares”, alimentar la experiencia como algo que se está dando. El niño lo registra todo pero solo hace referencia a lo que realmente le importa, que no tiene porqué ser lo importante para los adultos. “Lo registra porque está en continuo contacto con la muerte, con la provisionalidad”. La tristeza como ritmo y la pereza como el cansancio adelantado. Cita a Pavese y a Piglia para hablar de las pequeñas rimas y los retornos. Un final lleno de llamadas a otros, que van desde Bachmann a Berguer: “Sin música, sin resistencia, quiero ser y seguir”. “Junto con la música entra en el cuerpo la esperanza”, para finalizar con Handke: “Ya es hora de volver con la gente, si no hay piedad no hay vida”. Me queda buscar “Paracaidistas”, hay que seguir, es la razón del vértigo.

 

Por  Juan Carlos Portero

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