Imagen: "Aquí/Allá", 2012. Andrés Montes. Cortesía del artista.

Descritos sobre arte para medir el mundo

Escribir y dibujar, del griego graphein (γραφειν) son una misma cosa porque usamos un grafismo. Y esto es en sí la expresividad de lo gráfico en cualquiera de sus manifestaciones ya sea lo particular de la escritura de una persona o su trazo en un dibujo. Así cuando leemos, dibujamos con la mente y el artista al dibujar, escribe. La palabra es en sí una forma abstracta que condensa desde antaño la correspondencia entre imagen y sonido. Por eso, la magia del dibujo en la caligrafía, cuyo alfabeto es una sumatoria de trazos, nos ha servido como un sistema de signos para medir el mundo. Magritte diría en su artículo sobre la relación entre imagen y lenguaje que: Ningún otro objeto está tan unido a su nombre que no podamos encontrar otro que le vaya mejor”. 

Leer es también aprender a ver y cuando las palabras no solamente inspiran sino que se utilizan en arte como recurso visual, se produce una aniquilación del espacio de lectura tradicional. El espectador se convierte entonces en ese nuevo espacio, y su mente, en la hoja en blanco. Por eso, el lenguaje en el arte de hoy funciona como amnesia. Porque si bien es literal en su más puro significado, también es abstracto cuando se utilizan sus signos como objetos en el espacio manifestándose múltiples significados que van más allá de la palabra en sí. Y si de espacio se trata, la escultura por su carácter volumétrico permite corporeizar, paradójicamente, dar más peso a las palabras.

El escultor Jaume Plensa es conocido por sus figuras humanas compuestas por una malla de letras de hierro. No son solo letras al azar sino citas de clásicos literarios como Shakespeare o Dante Alighieri. En su obra Macbeth and the Porter(2005) la literatura es allí, la piel que reviste al hombre. Jasper Johns, compuso el mural Alphabet para la biblioteca de Philadeplhia. En éste sugiere que todos los saberes de la humanidad reposan en la combinación del sistema básico de signos, el alfabeto. Otro ejemplo es el del escultor Alberto Corazón quien hace esculturas que contienen palabras o caracteres que a su vez se mecen como un péndulo en un silencio que contiene mil palabras. Charles Sandinson, artista de origen escocés que vive en Finlandia, realiza proyecciones de video generadas por ordenador en tiempo real. Su obra Index  se basa en la XI Edición de la “Encyclopedia Britannica”. El punto de partida de su obra fue la observación del comportamiento de los pájaros que se posan en cables. Las palabras se comportan dentro de un programa, igual que los pájaros, se posan y luego vuelan. Por tanto al proyectar en una habitación la posición de las palabras y al volver a encender el proyector, las palabras nuevas que se introducen en el sitio, intentan hacerse lugar. Por tanto, el espectador: “en el acto de leer, se ralentiza como creación entre tiempo e historia.” (Francisco Jarauta, “El hilo de Ariadna”, 2012). Armajani, por ejemplo trabaja sobre el poder que tiene el texto para informarnos. En sus obras “A Number Between Zero and One o The Warren Report”. Rota sus caracteres y al cambiarlos de sitio, la idea de información, la palabra y el número como medida del mundo, se anula convirtiéndose en un objeto estético. Andrés Montes, artista mexicano residente en Madrid, trabaja sobre la poética del desplazamiento, la identidad o cómo creamos un lugar

Hoy, la inclusión de la literatura en el arte contemporáneo como recurso estético, es un testigo más de que en sí las artes como el ser humano están ligadas a un juego de correspondencias. Este juego no es más que su propia esencia: el hombre expresándose libremente con lo que le es familiar y a la vez universal. Podría decirse, que el artista es entonces una especie de chamán, porque cuando la obra de arte logra su cometido universal de captar un fragmento de lo inconmensurable, conmueve. Y en ese instante de silencio, tal vez comprendemos que en el principio fue el verbo desde donde se gestó el mundo, y que nos valemos de las palabras para aprehenderlo.

 

Por Letizia Balzi

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