Protagonistas // Editores

Cristina Pineda, 07/11/2017

 

Ir a protagonistas

Cristina Pineda: “El libro debería ser asunto primordial de nuestra civilización”

Nació hace apenas un año, sin embargo, la editorial Tres Hermanas ya ha dado de qué hablar. La “culpa” la tiene su editora Cristina Pineda, que desde el primer momento tuvo muy claro cómo tenía que ser el nuevo sello del grupo Sílex. Si con su edición de Alicia en el país de las maravillas no dejó indiferentes, fue la publicación de la correspondencia de las hermanas Mitford aquello que hizo de Tres Hermanas un proyecto que no debía pasar desapercibido. Autores en traducción con Patrick White, Luka Bekavac o Virginia Woolf -Tres Hermanas publicará a finales de este mes el primero de los cuatro tomos de los diarios de la autora inglesa- comparten catálogo con autores en castellano como Txani Rodríguez.

 

¿Tres Hermanas, el sello más joven de Sílex?

Sí, efectivamente, Tres Hermanas es el sello de ficción de Sílex, que se ha constituido en un grupo para abarcar ensayo, ficción, arte e ilustrados infantiles.

¿Cómo nace Tres Hermanas? O, en otras palabras, ¿Por qué un nuevo sello para Sílex?

Tres Hermanas es fruto de un empeño personal que tuve desde siempre y que se consolidó cuando empecé a trabajar en Sílex. Yo estudié el Máster de Edición de Santillana después de licenciarme en filología inglesa y, desde entonces, tuve claro lo que quería editar, pero era un reto muy difícil de conseguir y más todavía sola. Tras haber trabajado principalmente de freelance como traductora, eché en falta el amparo de una infraestructura y un tejido editorial. Cuando finalmente propuse la idea a Sílex, me tropecé con el obstáculo de que Sílex era una editorial de ensayo de arte e historia que, si bien es cierto había hecho alguna incursión en la ficción, en ese momento no podía asumir los costes de un nuevo sello literario. Ten en cuenta que estamos hablando del 2008, el año en que empezó el descalabro. Tiempo después, tras la crisis, en Sílex vimos la oportunidad de abrir nuevas vías dentro del grupo y así diversificar la oferta. El primer sello que creamos fue Silonia, dedicado al libro infantil y que nos ayudó con sus logros en un ámbito tan agradecido. Tres Hermanas nació un año después y comenzamos con la edición ilustrada por Andrea D’Aquino de Alicia en el país de las maravillas, un libro que está a medio camino entre lo juvenil y la literatura de adultos.

Sin embargo, Alicia en el país de las maravillas es mucho más que un cuento infantil.

Efectivamente. Publicamos el libro de Carroll precisamente para ofrecer una literatura que podríamos definir matemáticamente como “el conjunto neutro”, es decir, una literatura que puede estar en el estante de literatura infantil y, al mismo tiempo, en el de literatura general. De esta manera, lo que conseguimos es retomar la línea que estaba trazando Silonia y, a partir de ahí, materializar nuestro ideario, publicando libros para adultos. Y, la verdad, debo decir que Alicia en el país de las maravillas ha funcionado muy bien. Después de su publicación seguimos trabajando en el formato ilustrado, rescatando clásicos como Cumbres Borrascosas, ilustrada por Fernando Vicente. Todo lo que hemos publicado hasta el momento ha sido fruto de una búsqueda iniciada hace muchos años, aunque a los títulos que yo ya tenía en la cabeza se unen ahora las propuestas de Marina Sanmartín, al frente del departamento de prensa y promoción, que, aparte, trabaja en la elección de títulos, sobre todo para la colección en castellano.

Uno de vuestros mayores éxitos fue la publicación de la correspondencia de las Mitford. ¿Hay una especial voluntad de rescatar autoras y su literatura?

Siempre he tenido esta voluntad, que es en gran parte herencia materna. Cuando fui a Copenhague a escribir mi tesina, me centré sobre todo en la literatura comparada y el feminismo, descubriendo así una cantidad ingente de literatura escrita por mujeres. En efecto, en el centro de Copenhague había una biblioteca de color amarillo dedicada solamente a la literatura de mujeres, que para mí fue todo un descubrimiento viniendo de España, donde todavía hoy estamos sacando del olvido a autoras y a sus escritos. Por tanto, me parecía importante rescatar ciertos nombres, aunque tengo que confesar que, a pesar de los años transcurridos desde la universidad, todavía no tengo muy claro si es diferente la literatura escrita por mujeres que por hombres y, por tanto, si hay que hacer una clara distinción. Lo digo, además, siendo consciente de que, al menos para mí, en cuanto lectora, los mejores personajes femeninos los han creado hombres. Pienso en La Regenta.

O en Flaubert.

Sí, y también Henry James

Aunque para personajes, las propias hermanas Mitford.

¡Cierto! Ahora estamos editando el diario de Virginia Woolf, que saldrá a finales de noviembre, pero esas cartas de las Mitford son únicas. Esas cartas entre las hermanas hacen un repaso de la historia del siglo XX, a través de todos sus protagonistas, no solo en el ámbito de las letras, sino también en el político y artístico. ¡Vaya seis que eran! En una misma familia puedes encontrar una o dos personalidades geniales, pero seis…

 

Y hablando de hermanas, el nombre de la editorial hace referencia a las tres hermanas creadas por Chejov.

Nuestro lema, que aparece en la cuarta de los libros es: “La vida es maravillosa. Sí, pero ¿y si solo lo parece?”, de la obra Tres Hermanas de Chejov. No quería vincular únicamente el nombre de la editorial con la literatura escrita por mujeres y aunque el nombre no alude a ello, llamarnos Tres Hermanas ha hecho que muchos nos encasillen como una editorial de literatura de mujeres. No quiero límites, quiero que piensen en nosotros como una editorial que publica literatura de calidad, tanto escrita por mujeres como por hombres. Y, sí, Tres Hermanas hace referencia a la obra de teatro de Chejov, pero también hace alusión a mis dos hermanas y a mí. El hecho de ser tres hermanas ha tenido mucha importancia para mí y creo que la historia que he vivido está muy arraigada a los títulos que publico. De hecho, publiqué Cumbres Borrascosas en parte porque durante mucho tiempo había sido uno de mis libros de cabecera. Y ojalá algún día pueda publicar a Chejov, que es maravilloso: si pudiera publicar teatro, editaría todo Chejov, pero es muy difícil vender teatro. A pesar de que intento hacer cosas desde la editorial que estén al margen del mercado, no puedo pasar por alto que una editorial es una empresa y yo, como editora, tengo que rendir cuentas.

¿El teatro es el último olvidado de los géneros?

Sí, es el último olvidado. Ahora hay editoriales de poesía, como Bartleby o La Bella Varsovia, que están haciendo un trabajo encomiable en el campo de la poesía, pero falta hacer este mismo trabajo con el teatro, que no logra calar entre los lectores y, por tanto, no sale a cuenta a las editoriales.

¿Por qué crees que el teatro no cala entre el público lector?

Yo creo que una gran culpa la tiene el sistema educativo, que no ha sabido y no sabe inculcar el amor por el teatro y por las letras en general en el colegio. Al contrario, creo que lo que se ha fomentado a través del sistema educativo es un desapego hacia el teatro, los jóvenes no sienten interés por ir al teatro y menos todavía por leerlo. No descarto en el futuro publicar teatro, pero ahora no lo veo factible.

¿Cómo se compatibilizan las exigencias del mercado con la voluntad de publicar contra-mercado?

Hay que ser realistas y ser conscientes de que, a veces, las cuentas no alcanzan para lo que uno quiere hacer. En las editoriales necesitamos flujo de caja para subsistir. A veces lo que uno desea publicar no es viable económicamente y hay que aceptarlo. Como dice Juan Cruz, ser editor supone estar dispuesto a sufrir ciertas frustraciones. ¿Qué hacer? Pues, conformar un catálogo creíble y la credibilidad solo se consigue con una cierta continuidad: tú puedes publicar unos títulos cuyas regalías te vacían las cuentas de la editorial, pero entonces ¿cómo vas a dar continuidad al proyecto? Nosotros queremos combinar los libros cuyos derechos son bastante onerosos con títulos de autores más accesibles. No podemos publicar “libros obtusos”, en palabras de Jaime Salinas, cuyos anticipos son imposibles de asumir. Si no puedes publicar un libro por sus elevados costes, debes dejarlo marchar, quizá la vida te dé la oportunidad de incorporarlo en tu catálogo en el futuro. Paraules d’amor, senzilles i tendres.

¿Y este es vuestro principal objetivo?

Evidentemente. Nosotros empezamos con las Mitford, ahora seguimos con Virginia Woolf y, en breve, vamos a editar a Gertrude Stein y a otros nombres de prestigio, pero sabemos que no podemos llegar a todos. Tenemos que centrarnos en unos pocos. También contamos con otros autores menos conocidos, como Joan London, que sí lo son en su tierra de origen, en este caso Australia. Nuestra colección Tierras de la Nube Blanca tiene la vocación de traer al lector textos inéditos de autores australianos y neozelandeses. Además, para que el proyecto sea viable, publicamos literatura en castellano, cuyas regalías son menores y te permite ejercer el papel de editor-descubridor: con la literatura en castellano actual puedes realizar ese trabajo propiamente de editor que es encontrar nuevas voces, una tarea que, en mi opinión, se ha ido perdiendo puesto que, por lo general, lo que se edita es aquello que uno sabe de antemano que va a vender. Y los editores que no publicamos apuestas seguras somos unos suicidas, pues nos arriesgamos con libros que van a vender como mucho 500 o 600 ejemplares. De todas maneras en Tierras de la Nieve Roja, la colección en castellano, hemos salido con Txani Rodríguez y Fernando J. López que tienen ya una trayectoria.

¿Qué editoriales o editores tienes como referencia?

Para mí, Carlos Barral es un referente, también Jorge Herralde o Jaume Vallcorba. Sus editoriales cuentan con un catálogo envidiable. De los editores contemporáneos admiro a Cristina Franco (Sexto Piso) y a Ana Laura Álvarez Vargas (Siruela) por su tesón, su buen hacer, su compromiso con la editorial y sobre todo, por su talento.

¿Ya no se arriesga en el mundo de la edición?

No, ya no se arriesga bastante. Y hay que ser honestos, con un autor en castellano arriesgas, pero tampoco tanto, porque el coste inicial no es muy elevado y el motivo principal es que no hay traducción de por medio. Date cuenta de que las ayudas a la traducción o no existen o son ínfimas. ¿Y qué haces? ¿A quién pides ayudas? Lo que tengo claro es que hay que ser rígidos y saber decir que no, por mucho que desees ese libro. Somos trapecistas y nos pasamos media vida haciendo acrobacias y sorteando obstáculos para obtener pingües beneficios. Vemos las aguas tranquilas, el mar calmo, como Ahab, pero estamos sujetos por una soga a la ballena blanca. En este mundo es muy fácil hundirse si no arriesgas con muchísima cabeza. Es mejor publicar poco, pero seguro, aunque nada lo sea. Dos buenos títulos te pueden hacer salvar los otros diez. Yo trabajo codo con codo con el departamento comercial y contable, de la mano de Ana García para tener los pies en la tierra.

 

¿Decir que no también a títulos tentadores a nivel comercial?

No te creas, porque los títulos que me podrían dar dinero no van a llamar a mi puerta ni van a confiar en mí, porque buscan otro tipo de garantías. Aunque es cierto que los autores, en líneas generales, suelen estar bastante abiertos a nuevas propuestas; quienes no están tan abiertos son los agentes, aunque cada vez más confían en la labor de los pequeños editores.

¿El pequeño editor puede llegar a ofrecer un prestigio que un gran grupo ya no ofrece?

Más que prestigio, diría que los pequeños editores ofrecemos libros especialmente de gran belleza, confeccionados con el esmero y el cuidado de un artesano. Nuestra editorial ofrece una imagen, una identidad. El diseño es muy peculiar y todos los libros podrían ser el mismo, solo se distinguen por el color de la colección y una fotografía de autor, como la de Luis Gaspar para Cuando todo era fácil. Lo que sucede es que es muy difícil darte a conocer y hacer que escritores y agentes confíen en ti. Mi ilusión es desmarcarnos un poco de Sílex puesto que buscamos que se nos reconozca como un sello de ficción independiente de su catálogo. Sílex nos ha proporcionado un excelente cobijo, pues estamos hablando de una editorial con más de 50 años de existencia y que ha resistido a los vaivenes del mercado. Pero Sílex (Ramiro Domínguez) tiene tres sellos y no siempre va a apostar por la ficción porque hay más manzanas en el mismo cesto y todas son igual de buenas. Si tomo las riendas me convierto yo en la directora comercial aparte de la editorial y así soy la única en responsabilizarme de mis posibles fracasos, pero también de reinvertir sólo en mis títulos.

Volviendo a tu pregunta, yo si soy editora es porque me gusta más escuchar que hablar y creo que, en este mar de sogas, deberíamos tendernos la mano para ayudarnos. Hay que escuchar mucho al autor y al entorno. Como pequeña editora ofrezco además todo mi tiempo. Los editores nunca cejamos. Herralde contaba que su día no terminaba nunca. El mío tampoco y además, tengo tres hijos pequeños.

En los últimos tiempos, la relación entre editoriales y librerías son bastante estrechas, sobre todo si hablamos de editoriales y librerías independientes.

Sí, ahora hay unos lazos muy estrechos, especialmente con los libreros, que no solo te ceden su espacio para que presentes tus libros, sino que te agradecen que vayas y les presentes tu catálogo. Y, por nuestra parte, nos sentimos muy agradecidos a los libreros que dan visibilidad a nuestros libros, sabiendo que es mucho más fácil vender un Ken Follet que un libro de Tres Hermanas. Quisiera ampliar ese círculo de contactos con libreros del todo el país, porque es fundamental apoyarles: mientras las librerías sigan abiertas, nuestros libros tendrán un escaparate.

¿Los libreros son los verdaderos prescriptores de hoy en día?

Sin duda. Yo voy a Tipos Infames y le pido a Gonzalo que me diga qué libro me tengo que llevar. No quiero elegir yo, quiero que me recomiende él y esta labor de recomendación es esencial, sobre todo para los buenos lectores que quieren descubrir nuevas tramas. La pasión del librero debería trasladarse a la escuela. Pero percibo cierta tristeza en la escuela pública.

¿En qué sentido?

La noto triste porque no tiene medios y es una pena. Yo creo fervientemente en la escuela pública, pero es muy descorazonador ver colegios que no tienen dinero para crear una biblioteca. El problema real es que no se destinan los fondos allá donde son imprescindibles. Y entronca también con nosotros como padres: a lo mejor deberíamos invertir más dinero en libros para nuestros hijos que en su mera diversión, pues no solo la educación, sino la cura de la soledad y de los primeros problemas de un joven pasa a través de los libros.

También habría que fomentar la idea de que la lectura puede significar diversión.

Sí, esto debería ser lo esencial, pero para ello el niño debe tener libros a su alcance, en casa y en el colegio, y así volvemos a lo de antes: ahora los colegios apenas tienen medios y muchas de las bibliotecas escolares se nutren de aportaciones particulares o de los envíos gratia et amore de las editoriales, puesto que el Estado no invierte en la compra de libros. Como sigamos así, el libro acabará convirtiéndose en un artículo de lujo y no puede ser. El libro nunca fue un lujo. Pero el editor no puede hacerse cargo de aquello que debería ser responsabilidad del Estado: yo no me quiero enriquecer, pero tampoco puedo poblar yo sola las casas y las bibliotecas de libros. Intento poner el precio más asequible posible a mis libros, pero se necesita una estructura estatal, como la hay en Francia, que apoye la cultura y el mundo del libro. El libro debería ser asunto primordial de nuestra civilización.

¿Cuál crees que debería ser la primera o una de las primeras medidas a tomar dentro de una política de apoyo al libro?

Debería crearse una red de bibliotecas públicas, y después habría que destinar fondos públicos al fomento de la lectura a través de ayudas para la compra de libros a las editoriales.

Volviendo al catálogo, publicasteis el álbum de Alicia en el país de las maravillas y de Cumbres Borrascosas, ¿publicaréis más libros en este formato? Y, sobre todo, ¿funcionan mejor las ediciones tipo álbum?

El libro de Gertrude también está ilustrado por Clement Hurd. También tenemos los derechos del clásico macedonio Zoki Poki con ilustraciones de Ana Seixas. Los álbumes funcionan mejor, pero también el coste unitario es mayor.

Ahora publicáis los diarios de Virginia Woolf, seguiréis con Gertrude Stein… ¿cuál es el futuro próximo de Tres Hermanas?

Ryotaro Shiba, que nos trae una saga japonesa con la guerra ruso japonesa como telón de fondo, traducida del japonés por Fernando Cordobés y Yoko Ogihara. La historia está contada a través de dos hermanos, Yoshifuru y Saneyuki y su lectura contribuye a que el lector no japonés comprenda un contexto histórico, sociológico e incluso psicológico crucial para comprender qué es Japón, así como para tomar conciencia de las peligrosas ambigüedades de la guerra y de la paz, de la victoria y de la derrota. También hemos elaborado un proyecto precioso con un nexo común entre obras de Holanda, República Checa, Macedonia, sobre literatura del extrañamiento, de la separación y del duelo migratorio. Además hago hincapié en el libro de Joan London, La Edad de Oro. Una verdadera maravilla sobre dos niños enfermos de la polio al cabo de la Segunda Guerra Mundial y de su capacidad para ser felices en medio de la desgracia y los estragos de la guerra, a pesar de su enfermedad. Todo un ejemplo de supervivencia.

 

Por  Anna Maria Iglesia

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies